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Irlanda y los Registros Akáshicos: el viaje que me llevó a recordar

Foto del escritor: Cami Colonel
Cami Colonel
hace 6 días
5 min de lectura

Mi historia con un lugar que apareció una y otra vez en mis lecturas y el camino que terminó llevándome a convertirme en canalizadora. Antes de iniciarme como canalizadora, abrí mis Registros Akáshicos cinco veces. Ahora que escribo este artículo y observo aquella etapa con cierta distancia, puedo reconocer algo que entonces no veía: casi siempre acudía a ellos cuando me sentía perdida. Buscaba respuestas, una dirección o simplemente comprender por qué determinadas cosas estaban sucediendo en mi vida.

La primera vez fue después de volver de Irlanda. Había terminado la universidad y decidí irme una temporada fuera. No existía detrás de aquella elección una gran búsqueda espiritual ni una explicación especialmente profunda. Podría haber elegido otro destino, pero fue Irlanda. Y desde que llegué sentí una conexión con aquel país difícil de explicar. Me quedé un año.

Cuando regresé a Argentina conocí a una chica que vivía enfrente de mi casa y hacía lecturas de Registros Akáshicos. Prácticamente no nos conocíamos, pero decidí reservar una sesión con ella. En un momento de la lectura me miró a los ojos y me preguntó: “Recién volviste de Irlanda, ¿no?”

Me sorprendió porque yo no recordaba haberle contado nada sobre aquel viaje. Después me explicó que mis guías le estaban mostrando mi experiencia reciente allí, pero también otra experiencia relacionada con ese mismo territorio en otra vida.

En aquel momento no entendí demasiado qué quería decirme. Por supuesto que me sorprendió que supiera aquella información, pero no hice mucho más con ella. Guardé lo que había escuchado y continué con mi vida. Al fin y al cabo, haber elegido Irlanda había sido una decisión bastante azarosa. O eso pensaba.

Irlanda volvió a aparecer en mis Registros Akáshicos

Dos años después, esta vez viviendo en Barcelona, decidí volver a abrir mis Registros. Mi abuela materna había fallecido hacía pocos meses y durante aquella sesión apareció un mensaje relacionado con ella. No estaba preparada para recibirlo y me rompí. Fue una lectura especialmente intensa y emocional, pero entre toda la información que apareció aquel día hubo algo que volvió a llamar mi atención: Irlanda estaba allí otra vez.

Era una segunda canalizadora, en otro país, años después y sin ninguna relación con la primera, que volvía a llevar mi atención hacia el mismo territorio. Por segunda vez, una lectura de Registros Akáshicos relacionaba aquel lugar que tanto había significado para mí con una experiencia anterior de mi alma. Fue entonces cuando empecé a preguntarme si había algo allí que todavía no estaba comprendiendo.

Después de aquella sesión decidí regresar a Irlanda. Esta vez no quería volver simplemente como turista. Sentía que necesitaba recorrer el país de otra manera y preparé un viaje de una semana con un itinerario muy concreto: dedicaría una parte a lugares vinculados con la cultura celta, otra a la presencia vikinga en Irlanda y terminaría el recorrido en las Colinas de Tara, uno de los enclaves más importantes de la antigua tradición irlandesa y donde se encuentra Lia Fáil, conocida como la Piedra del Destino.

Parte de aquel recorrido había surgido también a través de la canalización y terminé exactamente donde había previsto: en Tara, coincidiendo además con una Luna llena en Escorpio. Fue también durante aquel viaje cuando tuve mi primera experiencia relacionada con una vida pasada. Pero esa historia merece un artículo propio.

Cuando comenzó la verdadera búsqueda

Después de volver a Barcelona comenzó una etapa completamente diferente de mi vida. Durante los meses siguientes atravesé uno de los períodos más difíciles que recuerdo. Entré en una depresión muy fuerte sin comprender qué me estaba ocurriendo y estuve tres meses de baja laboral. En medio de aquel proceso terminé tomando una decisión que llevaba tiempo gestándose dentro de mí: no quería regresar al mundo corporativo, al menos no en aquel momento.

Los meses siguientes fueron meses de búsqueda. Necesitaba entender qué me estaba pasando, por qué determinadas estructuras sobre las que había construido mi vida ya no tenían sentido y por qué sentía con tanta fuerza que algo dentro de mí estaba pidiendo un cambio.

La explicación no llegó inmediatamente. Aproximadamente un año después tomé una decisión que terminó dando un nuevo significado a muchas de aquellas experiencias: quería aprender a comprender el lenguaje de mi propia alma. Fue entonces cuando decidí iniciarme en Registros Akáshicos.

Con la iniciación, muchas búsquedas que hasta ese momento parecían independientes comenzaron a encontrar un hilo conductor. No porque de repente tuviera todas las respuestas, sino porque había encontrado un lenguaje diferente desde el cual empezar a comprenderlas.

¿Qué entendemos por memoria del alma?

Cuando hablamos de memoria solemos pensar en recuerdos concretos: una persona, una conversación, una casa, un viaje o una imagen que podemos recuperar conscientemente. Sin embargo, dentro de la perspectiva espiritual de los Registros Akáshicos existe otro concepto: la memoria del alma.

Desde la mirada de los Registros Akáshicos, la historia del alma no comenzaría con nuestro nacimiento ni terminaría con nuestra muerte. El alma conservaría información, aprendizajes y experiencias de un recorrido más amplio que nuestra biografía actual. Es importante señalar que hablamos de una concepción espiritual y no de un fenómeno demostrado científicamente. Sin embargo, dentro del trabajo con los Registros, esta idea permite plantearnos una pregunta interesante: ¿es posible que determinadas experiencias sigan teniendo una influencia en nosotros aunque nuestra mente no pueda recordarlas?

Una memoria del alma no tendría por qué presentarse como una película perfectamente ordenada de una vida pasada. Desde esta perspectiva, podría manifestarse de maneras mucho más sutiles: a través de un miedo cuyo origen no conseguimos identificar, un patrón que repetimos, una conexión extraordinariamente intensa con alguien que acabamos de conocer, determinados intereses que parecen acompañarnos desde siempre o una atracción difícil de explicar hacia una época, una cultura o un lugar.

Eso fue Irlanda para mí. Más que un recuerdo concreto, fue durante mucho tiempo una sensación de reconocimiento.

Recordar no siempre significa tener un recuerdo

Con los años también empecé a entender la palabra recordar de una manera diferente. Recordar no siempre significa recuperar una imagen exacta de algo que sucedió. A veces significa reconocer. Reconocer una sensación, una parte de nosotros, un patrón, un lugar o incluso una forma de vivir que sentimos profundamente nuestra aunque todavía no sepamos explicarla.

Cuando finalmente me inicié en Registros Akáshicos, no recibí mágicamente todas las respuestas que llevaba años buscando. Lo que ocurrió fue más sutil: muchas piezas que parecían aisladas comenzaron a encontrar un lugar dentro de una misma historia. Irlanda, mis primeras lecturas, mi búsqueda espiritual y aquella necesidad constante de comprender qué había detrás de las experiencias que estaba viviendo empezaron a adquirir otro significado.

Con la iniciación, todo aquel recorrido de búsqueda encontró, de alguna manera, su final y su principio. Fue el final de una etapa en la que buscaba constantemente fuera de mí una explicación y el comienzo de otra en la que empezaría a aprender a escuchar de una manera diferente.

Por eso, cuando pienso en Irlanda y los Registros Akáshicos, pienso en la memoria del alma, en aquello que reconocemos antes de comprender y en esas experiencias que parecen regresar hasta que estamos preparados para mirarlas de otra manera.

Quizá el alma no recuerde como recuerda la mente. Quizá el alma simplemente reconoce.

Camila, en la piedra del destino, antes de iniciarse en registros akáshicos

 
 
 

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